domingo, marzo 24

Muerte

Vuelas ya libre. Te paseas confundida entre nosotros y ves nuestras caras con marcados surcos de lágrimas y tristezas. Te acercas preocupada y despacio a tu madre para brindarle consuelo, pero pareciera que ella no te ve, no te siente, no te escucha.
Quieres gritar, decirles a todos que estás ahí, pero nadie te ve y caes en cuenta que las lágrimas y sollozos son por ti.
No entiendes nada pequeña, buscas una respuesta ¿Qué ha pasado? Y te contemplas, cubierta de una sabanilla blanca como mortaja provisoria. Cierras los ojos esperando que todo sea un sueño, pero al abrirlos sigues allí.
Intentas recordar que ha pasado, pero los recuerdos recientes son difusos, quizás inciertos. Te regresas cerca de tu familia, con incertidumbre. ¿Qué sacas con estar allí si no puedes brindar consuelo? Apenas la pregunta ha caído en ti, le contemplas. Está allí sentado mirándote fijamente "¿Estará muerto como yo?" -es la primera pregunta que te haces- y ves como lenta y casi imperceptiblemente niega con la cabeza.
Te acercas lentamente, quizás con miedo, aunque es difícil saberlo y le miras a los ojos con todas las interrogantes. Te aprestas a hablar, pero hace un gesto de silencio, se levanta suavemente y avisa a su hermana que saldrá a fumar. Le sigues.
Ya solos y cerciorándose que nadie les ha seguido, te hace una seña para que te acerques. Antes de que llegues completamente a su lado te empieza a hablar.
Que entiendas que quizás sea la única vez que se vuelvan a ver, que siempre ha podido hablar con "ustedes" -no quiere decir "con ustedes los muertos"-. Que ya no siente miedo, pero es una situación incómoda, que le intentes entender. No tiene todas las respuestas, te dice. ¿Respuestas? Te preguntas si es eso lo que realmente quieres. Niegas lentamente como ha hecho antes él. No quieres detalles de que pasó, ni como. Te basta con saber que ha sucedido y te desconsuela ver a tu familia en ese estado. Le imploras que de alguna forma les haga saber que estás bien y que mientras puedas les acompañarás.
"Querida mía -te susurra-, no puedo decir que he hablado contigo, pues me tildarían de loco, pero puedo asegurarte que ellos sienten tu presencia, vuelve allí y ve el cambio que se produce".
En efecto, regresan a la sala donde están todos y apenas entran, tu madre gira la cabeza como reconociéndote sin verte. Te acercas a ella y posas suavemente tu mano sobre su hombro, en un gesto un poco inseguro, tu madre sin ver, sin saber, posa su mano sobre la tuya y tu logras sentir su calor.
Las lágrimas inundan sus ojos, quisieras secarlas, pero sabes que no puedes. 
Te cuestionas ¿Qué va a ser de ti ahora? Es tu decisión, tu camino. Pero sea cual fuere, sabes que no irás sola. Pues de a poco han ido apareciendo aquellos que se fueron antaño y alguna vez sufriste.  Te acogen en su seno y te acompañan. 
Él te mira  y te guiña un ojo de manera casi imperceptible, levanta una mano como despidiéndose y sabe que ya no te verá. Adiós le intentas decir, pero ya es demasiado tarde, pues sabes que para él te has desvanecido.

miércoles, marzo 6

Lágrimas

Lluvia lacerada, 
tristeza de rumbo fijo.
Acueducto de metástasis veraniegas.
Infinito surco de vida,
deshecho de vidrios biselados. 

Caen como mezquinas avellanas.
Se sueltan del vidrio una a una,
rompen la cañada.
Invaden los surcos con sus patitas,
dejan sus estelas y caen.

¡Oh abismo!
Susurrantes y lejanas gotas, 
ya las vi morir y caer al vacío.
Me dejan, mas no las olvido,
Pequeño vidrio molido de tristezas diáfanas.

sábado, febrero 16

Gatito Soleil.


Tuve la suerte de encontrarlo botadito en la calle, lo recogí, estaba malherido, casi lo atropellan y una que tiene buen corazón, lo recoge, lo lleva al veterinario le dí comida, abrigo y espero a que sane. Quizás con el tiempo, se vuelva un compañero inseparable. Así pasa con los gatitos que uno recoge de la calle.
¿Qué sería un compañero inseparable?
Esos que te esperan cuando vuelves de la u, te maúllan para que les des leche tibia, a veces te arañan los muebles, pero siempre termina acurrucado al lado tuyo ronroneando, obviamente, uno siempre tiene que cumplir, teniendo el arenero limpio, haciéndole cariño en las orejas y dándole leche tibia.
Bueno, pero el gatito que me encontré, recién viene saliendo del veterinario tenía sarna y una patita quebrada, así que está convaleciente, con mucho cariño y cuidados, espero que mejore.
Aunque a veces, existe el riesgo de que cuando mejore, venga una gatita y se vaya detrás de ella persiguiéndole ignorando todo el trabajo que uno hizo
- hay que ir con calma, entonces-
Si, ganarse la confianza de a poco.
¡Ah! se me olvidaba, ya le puse nombre.
-¿Cómo se llama?-
Se llama Soleil
-¡Soleil! Soleil significa "sol" en francés-
Si, ¡porque es brillante como un sol!
-Hablas muy bien de él-
Si, es que me tiene encandilada, siempre le digo eso, pero el gatito todavía tiene heridas que sanar, la distancia le hará bien.


Gatito Soleil todavía convalece, pobrecito, pero sé con los cuidados que puedo darle, algo contribuiré a su mejora. No es que me crea un dios, que haga magia, solamente creo en la fuerza del cariño, constancia y preocupación.
Aún no se sabe que va a pasar, pero estaremos espectantes a su evolución. Gatito Soleil, espero me dejes algún día hacerte cariño detrás de las orejas!

jueves, febrero 14

Querida.

Era una niña, pequeña, frágil, pelo lacio y labios finos. Yo, creía ser más grande, fuerte, seguro e intocable -o quizás no tanto-, pero en cuanto la vi, supe que sería importante.
Quiero mirarla con el espejo del tiempo, pero no lo tengo. No ha pasado un mes aún. He dejado de llorar escondido en la almohada antes de dormir. Pero no dejo de pensarla. Muchas cosas me la recuerdan, debe ser porque fueron los ¿5? ¿6? meses más intensos de mi vida. 
Su nombre no es común, pero pareciera que el viento me lo trae todos los días. Ya no es un hálito balsámico, parece una pequeña cruz. Me cuestiono ¿Me podré deshacer de ello?

Pasan los días, el rencor se aleja e intento volver la cabeza sobre mi hombro, mas no encuentro recuerdos, solo sensaciones. Temor, frialdad, necesidad, pasión, desazón, amor, tranquilidad, tormento, miedo.

Algunas cosas van quedando claras con el correr de los días, a veces los relojes no avanzan tan rápido como uno quisiera y poder crear algo nuevo, construir algo indestructible.
¿Quiero dejarla atrás? Si. Al parecer la respuesta es una, pero a veces siento que es una tarea titánica. ¿Cómo hago para que nada me la recuerde?

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Lleno el vaso, enésima vez.
Suena un ruido de copas quebrándose,
la compañera, nunca existió.

La compañera,
sutil y dorada,
callejera, adormilada.
La callejera nunca durmió.

La callejera, pequeña hortensia,
risueña y coqueta,
la soñadora, soy yo.

Seres Mitológicos.

Entre los cerros del Valle del Elqui, se encuentra escondido un animal místico e intrigante. La verdad es que nadie le ha visto, ni tampoco se habla de ello, pero solo basta penetrar un poquito en este Valle para darse cuenta de su presencia.
Es un animal envolvente, intrigante, silencioso y sin escrúpulos. Camina salvajemente entre tus orejas y repiquetea a lo lejos en las noches nubosas.

Estando ya enclavado entre los cerros, mirando las fulgurantes estrellas y escuchando a lo lejos su paso por la cordillera, el pelo se me eriza y cautelosa como una gata me alejo y escondo entre las rocas. Allí, agazapada, silenciosa y en total oscuridad, veo el brillo jadeante de sus ojos, su respiración suspicaz y su andar cauteloso. 
Silenciosamente me acerco un poco más para observarle y diviso en esos ojos el miedo. Esa figura imponente que en un principio se alzaba ante mi, es ahora un cachorro indefenso, ojos con miedo, miedo y terror, silencio y miedo. Miedo y tiembla. 
Dejo mi posición, ya para acercarme a él y tocarle, veo como se encorva entre las rocas y evita mi mano, lanzando un aullido lastimero, pero no me dejo intimidar por este ser y le tomo entre mis brazos. 
¡Pobre criatura! ¡Un ser indefenso, esclavo de sus miedos!

Me siento en el suelo y tiendo a la criatura en mi regazo, le arrullo suavemente diciendo que todo va a estar bien. Estamos así por horas, hasta que se empiezan a divisar los primeros rallos del sol. La criatura me mira a los ojos y ya no hay miedo, es la noche la que le quita la fuerza, pues esos primeros rayos le han vuelto más grande. Su pelaje se va iluminando poco a poco con el color rojizo de la mañana y sus ojos se vuelven fieros y temibles.
Me alejo un poco para observar su reacción, hace mucho que ya no le tengo en mi regazo. Examino con curiosidad su transformación, de cachorro a bestia, de gato a pantera, de ruido a total silencio. 
Va saliendo el sol, ya rápidamente y caigo en cuenta de que mi animal se ha transformado por completo en un ser de luz y que el reflejo de su pelaje me envuelve y me atrae hacia sí rápidamente.

He dejado de ser observadora externa, para ser yo misma la fiera que escapa. Ya no somos animal, ni cachorro, ni bestia. Soy luz y ya no tengo miedo. La Cordillera es mi refugio y las tormentas mi furia. 
Luz, nada más que luz, energía y destellos. Silencio.

jueves, enero 17

Ahora me toca a mi.

Recorro tu piel lechosa y suave con mis dedos, empiezo por tus pequeños pies de ninfa, tus dedos como estalactitas maleables y dulces como la miel. Tus pantorrillas incitan a explorar un poco más, llegando a la carne de tus muslos dichosos, donde se encuentran algunos vellos que no han sido arrancados. Una que otra marca de nacimiento invade tus piernas, camino al paraíso de tu sexo. No puedo evitarlo y mis labios quieren comerte a besos esas piernas que incitan al juego. Te mueves y te ríes porque te hace cosquillas mi lengua.
Saboreo cada instante, cada milímetro de tu piel y tu dulce aroma me invade los sentidos queriendo hacerte mía. Pero aún no.
Subo por tu vientre y acaricio tu ombligo perfecto, jugando con mi lengua en tus caderas anchas y suaves como el terciopelo. 
Tus pechos delicados y tus pezones me avivan a probarlos y paso suave mi lengua por ellos, haciéndote estremecer. Tus manos juegan con mi pelo y entre gemidos se escucha tu risa.
Tus pechos llenos de pecas, empiezo el juego de contarlas una a una con mi lengua. Dicen que por cada una de ellas te has robado el alma. La verdad es a que a mi, me has robado el alma, el corazón y los suspiros. Después de ti no soy nadie.
He acariciado tus pechos hasta cansarme y subo por tu cuello hermoso hasta tus labios sonrosados, tus labios hacen juego con tus pezones, te comento. Y eso hace que estalles en una carcajada que me vuelve loco.
Te beso intensamente, queriendo robar de cada uno algún pedazo de ti, pero eres una ninfa intocable, dueña de todo tu ser. Bendito al que te entregues, que será dueño de la dicha, el placer y tu inteligencia franca y pura.
Beso tus ojos, que cierras delicadamente, como el aleteo de una mariposa sobre una bella flor y la sonrisa sigue instalada en tu cara. Miro tus pupilas, intentando encontrar alguna veta que diga que me amas, pero solo encuentro juego y diversión. Acaricio tu cabello rojo como el fuego e intenso como tu mirada. Quiero seguir, pero tus manos me lo impiden y me susurras "ahora me toca a mi".

lunes, enero 7

Chol Chol

Sientes la tierra húmeda, las hojas crujen bajo tus pies. Caen ligeras gotas de rocío sobre tu cara. Escuchas el murmullo del río Chol Chol a lo lejos y apresuras tus pasos.
El tren se aproxima aplastando suavemente y uno a uno los durmientes de la vía. El puente ya no cruje y el injeniero ya no da las últimas órdenes. 
Apresuras más el paso para alcanzar a ver, aunque sea, el resquicio humeante de la locomotora y el eterno resonar de su traqueteo.
Llegas al borde del precipicio y divisas como entre los árboles avanza el humo chispeante hacia el norte. Y saludas con la mano, aún sabiendo que nadie te verá, pues has cargado en aquella locomotora y en sus vagones las despedidas, los amores infundados, las tristezas, rencores, odios y sufrimientos.
¡Adiós! ¡Adiós! Pensabas mientras agitabas la mano y una sonrisa azul se colaba en tus labios.

El tren se detenía en Renaico.