lunes, enero 20

Fina Estampa

La corbata le combinaba perfectamente con el pañuelo del bolsillo. La camisa inmaculadamente blanca y los zapatos lustrados. Las uñas pulcras, el pelo en un corte milimetrado y la mano posada naturalmente en el bolsillo. Una mirada fría, ojos casi vidriosos y exhala su postura una falsedad inmutable; un silencio sepulcral, una maraña de inexistencias. En fin, una estampa envidiable. 
Al verme, quita la mano del bolsillo y me la ofrece galantemente. Me lleva a través del pasillo alfombrado, donde el sonido de mis zapatos de tacón se amortigua. El pasillo tiene espejos; uno tras otro; espejos. En ellos, se refleja el acontecer del momento. En ellos, se devuelve hacia mis ojos una imagen irreal. Se devuelve una corbata desanudada, una camisa sin almidonar, el pelo alborotado, los zapatos sin lustrar. Se devuelve una mirada pícara, una sonrisa burlona. Se devuelve un andar tumultuoso, un frufrú acongojante. 
Entonces, el pasillo desemboca en un salón de baile y veo sus zapatillas, su sonrisa tierna, sus manos temblorosas, pero cálidas. Veo su suave coqueteo en los ojos y el afán de protegerme. Veo sinceridad y me refugio en su pecho sin pañuelo. Me refugio en la sinceridad.

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