Mi pequeña estrella, te siento como si fueras mía. Mía y vulnerable, mía y pequeña, buscando cobijarte en mis brazos. Mía y llorando.
Pequeña, caes como las gotas de lluvia en invierno, una tras otra, sin pausa, con rabia, con furia de temporal. Mojas y resbalas por mi cara, llevándote el maquillaje, dejando tras de ti una estela negra como noche sin luna. Cierro los ojos, intentando borrar de mi tu visita fugaz, pero al abrirlos sólo logro contemplar la infinita tristeza del mar calmo.
Eres sólo una cuajada de rocío, me digo, intentando calmar los latidos de mi corazón que lo vuelven melancolía. Entonces, pequeña, te veo caer desde mi barbilla con tu estela negra y tu final es el suelo junto al resto de las gotas de lluvia. Te llevas contigo más que el maquillaje, sino uno que otro suspiro.
Pequeña y mía, te llevas un pedazo de mí.
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