¿Se puede matar algo que no es? ¿Puede morir el alma? Siento que la mía ha sido dividida, por sus cientos de fotografías.
Cada uno de sus flash nublan mi juicio y hacen que avance usando sus huellas, aun sabiendo que me conduce a un acantilado.
A pocos metros de estar a punto de caer, me detiene con una voz suave y temblorosa. Creo tenerla ante mi, creo ser yo quien la ha salvado, pero es sólo una ilusión de sus fotografías, ella me ha detenido porque me necesita.
Necesita que le diga constantemente que es bella, que no hay mujer como ella. Preciosa y hechicera, ella, la fotógrafa.
Intento no naufragar en sus melodiosas composiciones, busco rescate a las constantes caídas libres a las que me hace sucumbir, sé que me daña, sé que poco a poco ella me mata y lo acepto. Lo acepto porque tengo miedo a esos ojos que anuncian tormentas, a esas manos que pueden llegar como glaciares fríos a las mías. Quiero renunciar a algo que no existe, porque ella me ha prohibido que exista, porque ella es capaz de callar hasta mis pensamientos.
Siento que me hundo, el grillete que me ata a ella es cada vez más difícil de arrastrar y ella me pasea como si fuera su mono de circo vendiendo papeles de suerte a los transeúntes. Quiero escapar, deseo escapar, pero una capa de su barniz de uñas me tiene aquí atrapado.
¿Qué quiere de mi? ¿Permitiré seguir siendo su eterna presa? Poco a poco me consumo, pues se alimenta de mis sentimientos como una sanguijuela. Bella, hermosa como nadie, pero sanguijuela como ninguna.
Intento dar pasos al costado, alejarme, pero ella es un lucero potente en este cielo oscuro y no creo que pueda avanzar sin su caprichosa luz. Busco con desesperación una salida, pero el túnel se hace estrecho a cada paso y me sofocan mis pensamientos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario