Entre la gente, aparece tu rostro sinuoso y vibrante.
Tus ojos brillantes bajo el eterno sol.
Como cual pajarito vuelas entremedio para reunirte en mi regazo.
Pequeño pajarito, buscas descanso después de tanto vuelo,
después de escapar de las tormentas del sur,
vienes a este norte inclemente a buscar consuelo.
Pajarito, susurro tu nombre y suspiro,
envuelvo la niebla de mi pasado entre tus pestañas.
Pequeño, aun no partas el vuelo, que no podré verte ir,
no podré dejar de suspirar tus recuerdos cuando caiga
el manto negro.
Cuando se acerque la primavera, pajarito, sé que me abandonarás,
pero no todavía, pequeño, quédate aquí cerca mío,
dame tu valor para afrontar el futuro desconocido,
comparte tu vuelo eterno sobre los campos floridos.
¡Pajarito! ¡Es tan corto el amor y tan largo el olvido!
domingo, junio 30
miércoles, junio 26
Haiku
Jugamos a querernos.
Amaneció.
¿Cómo te olvido?
Amaneció.
¿Cómo te olvido?
La madrugada
envolvente,
sonríe,
el triunfo de los sueños.
sonríe,
el triunfo de los sueños.
Frío y abrazos
risueños.
Niebla,
invierno en mi corazón.
Niebla,
invierno en mi corazón.
La escritora triste,
le han robado tiempo
y devuelto amor.
le han robado tiempo
y devuelto amor.
El profesor madruga,
el frío le cala los huesos.
El invierno le despeina.
el frío le cala los huesos.
El invierno le despeina.
Es una pequeña selección de haiku de dudosa inspiración. Escritos más bien a la rápida, pero nacen del corazón y probando una métrica diferente.
domingo, junio 9
La Fotógrafa
¿Se puede matar algo que no es? ¿Puede morir el alma? Siento que la mía ha sido dividida, por sus cientos de fotografías.
Cada uno de sus flash nublan mi juicio y hacen que avance usando sus huellas, aun sabiendo que me conduce a un acantilado.
A pocos metros de estar a punto de caer, me detiene con una voz suave y temblorosa. Creo tenerla ante mi, creo ser yo quien la ha salvado, pero es sólo una ilusión de sus fotografías, ella me ha detenido porque me necesita.
Necesita que le diga constantemente que es bella, que no hay mujer como ella. Preciosa y hechicera, ella, la fotógrafa.
Intento no naufragar en sus melodiosas composiciones, busco rescate a las constantes caídas libres a las que me hace sucumbir, sé que me daña, sé que poco a poco ella me mata y lo acepto. Lo acepto porque tengo miedo a esos ojos que anuncian tormentas, a esas manos que pueden llegar como glaciares fríos a las mías. Quiero renunciar a algo que no existe, porque ella me ha prohibido que exista, porque ella es capaz de callar hasta mis pensamientos.
Siento que me hundo, el grillete que me ata a ella es cada vez más difícil de arrastrar y ella me pasea como si fuera su mono de circo vendiendo papeles de suerte a los transeúntes. Quiero escapar, deseo escapar, pero una capa de su barniz de uñas me tiene aquí atrapado.
¿Qué quiere de mi? ¿Permitiré seguir siendo su eterna presa? Poco a poco me consumo, pues se alimenta de mis sentimientos como una sanguijuela. Bella, hermosa como nadie, pero sanguijuela como ninguna.
Intento dar pasos al costado, alejarme, pero ella es un lucero potente en este cielo oscuro y no creo que pueda avanzar sin su caprichosa luz. Busco con desesperación una salida, pero el túnel se hace estrecho a cada paso y me sofocan mis pensamientos.
lunes, junio 3
Llovizna
La colina está empapada de lluvia. Acolchada con las hojas que han arrancado el vendaval hace unos días. El olor de tierra húmeda se filtra por mis poros y a medida que me acerco al lugar del encuentro, mi corazón palpita y siento en la planta de mis pies el palpitar de la tierra al saberme desnuda.
Las hojas recogen mi cabello con su musgo resbaloso y al mismo tiempo tus besos inundados de deseo. Hacemos el amor entregados a la lluvia que cubre los campos como una cortina suave. La llovizna suave se confunde con el sudor de nuestros cuerpos y los árboles tiemblan al reconocer la mansedumbre del amor.
Extasiados nos acurrucamos uno al lado del otro, en completa armonía con el bosque que deja escapar sus suspiros y nos quedamos dormidos.
Nuestros sueños galopan como rayos fulgurantes en los inicios de ese lugar, cuando no existía bosque y el pasto nacía como un tierno bebé. El sol es más que el astro rey y se confunde con la candescensia de mi cabello.
Volvemos al paraje que nos ha acunado en el éxtasis del amor y arrullados por los grillos nos alejamos tomados de la mano hasta el Malleco tempestuoso para inundarnos de su sabiduría y fundirnos, nuevamente, con su magnificencia.
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