Sabíamos que me iría.
Que te dejaría.
Soberbia de quinceañeros felices.
Agosto con su primavera en ciernes y,
febrero con su otoño precoz.
Sabíamos que me llevaría tu ánimo.
Tus suaves versos,
aunque ya míos, también me llevé.
-Jugábamos a leer a grandes públicos-.
Te extraño -y sé que tu a mí-,
pero la misma soberbia nos tiene aprisionados.
Soñando que volverás,
arrepentido al alero del manzano.
Sueñas que yo volveré -yo me fui-,
a tus suaves brazos y víbora lengua.
Aquí me quedaré.
No espero, solamente maldigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario