Vuelas ya libre. Te paseas confundida entre nosotros y ves nuestras caras con marcados surcos de lágrimas y tristezas. Te acercas preocupada y despacio a tu madre para brindarle consuelo, pero pareciera que ella no te ve, no te siente, no te escucha.
Quieres gritar, decirles a todos que estás ahí, pero nadie te ve y caes en cuenta que las lágrimas y sollozos son por ti.
No entiendes nada pequeña, buscas una respuesta ¿Qué ha pasado? Y te contemplas, cubierta de una sabanilla blanca como mortaja provisoria. Cierras los ojos esperando que todo sea un sueño, pero al abrirlos sigues allí.
Intentas recordar que ha pasado, pero los recuerdos recientes son difusos, quizás inciertos. Te regresas cerca de tu familia, con incertidumbre. ¿Qué sacas con estar allí si no puedes brindar consuelo? Apenas la pregunta ha caído en ti, le contemplas. Está allí sentado mirándote fijamente "¿Estará muerto como yo?" -es la primera pregunta que te haces- y ves como lenta y casi imperceptiblemente niega con la cabeza.
Te acercas lentamente, quizás con miedo, aunque es difícil saberlo y le miras a los ojos con todas las interrogantes. Te aprestas a hablar, pero hace un gesto de silencio, se levanta suavemente y avisa a su hermana que saldrá a fumar. Le sigues.
Ya solos y cerciorándose que nadie les ha seguido, te hace una seña para que te acerques. Antes de que llegues completamente a su lado te empieza a hablar.
Que entiendas que quizás sea la única vez que se vuelvan a ver, que siempre ha podido hablar con "ustedes" -no quiere decir "con ustedes los muertos"-. Que ya no siente miedo, pero es una situación incómoda, que le intentes entender. No tiene todas las respuestas, te dice. ¿Respuestas? Te preguntas si es eso lo que realmente quieres. Niegas lentamente como ha hecho antes él. No quieres detalles de que pasó, ni como. Te basta con saber que ha sucedido y te desconsuela ver a tu familia en ese estado. Le imploras que de alguna forma les haga saber que estás bien y que mientras puedas les acompañarás.
"Querida mía -te susurra-, no puedo decir que he hablado contigo, pues me tildarían de loco, pero puedo asegurarte que ellos sienten tu presencia, vuelve allí y ve el cambio que se produce".
En efecto, regresan a la sala donde están todos y apenas entran, tu madre gira la cabeza como reconociéndote sin verte. Te acercas a ella y posas suavemente tu mano sobre su hombro, en un gesto un poco inseguro, tu madre sin ver, sin saber, posa su mano sobre la tuya y tu logras sentir su calor.
Las lágrimas inundan sus ojos, quisieras secarlas, pero sabes que no puedes.
Te cuestionas ¿Qué va a ser de ti ahora? Es tu decisión, tu camino. Pero sea cual fuere, sabes que no irás sola. Pues de a poco han ido apareciendo aquellos que se fueron antaño y alguna vez sufriste. Te acogen en su seno y te acompañan.
Él te mira y te guiña un ojo de manera casi imperceptible, levanta una mano como despidiéndose y sabe que ya no te verá. Adiós le intentas decir, pero ya es demasiado tarde, pues sabes que para él te has desvanecido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario