Lluvia lacerada,
tristeza de rumbo fijo.
Acueducto de metástasis veraniegas.
Infinito surco de vida,
deshecho de vidrios biselados.
Caen como mezquinas avellanas.
Se sueltan del vidrio una a una,
rompen la cañada.
Invaden los surcos con sus patitas,
dejan sus estelas y caen.
¡Oh abismo!
Susurrantes y lejanas gotas,
ya las vi morir y caer al vacío.
Me dejan, mas no las olvido,
Pequeño vidrio molido de tristezas diáfanas.
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