jueves, febrero 14

Seres Mitológicos.

Entre los cerros del Valle del Elqui, se encuentra escondido un animal místico e intrigante. La verdad es que nadie le ha visto, ni tampoco se habla de ello, pero solo basta penetrar un poquito en este Valle para darse cuenta de su presencia.
Es un animal envolvente, intrigante, silencioso y sin escrúpulos. Camina salvajemente entre tus orejas y repiquetea a lo lejos en las noches nubosas.

Estando ya enclavado entre los cerros, mirando las fulgurantes estrellas y escuchando a lo lejos su paso por la cordillera, el pelo se me eriza y cautelosa como una gata me alejo y escondo entre las rocas. Allí, agazapada, silenciosa y en total oscuridad, veo el brillo jadeante de sus ojos, su respiración suspicaz y su andar cauteloso. 
Silenciosamente me acerco un poco más para observarle y diviso en esos ojos el miedo. Esa figura imponente que en un principio se alzaba ante mi, es ahora un cachorro indefenso, ojos con miedo, miedo y terror, silencio y miedo. Miedo y tiembla. 
Dejo mi posición, ya para acercarme a él y tocarle, veo como se encorva entre las rocas y evita mi mano, lanzando un aullido lastimero, pero no me dejo intimidar por este ser y le tomo entre mis brazos. 
¡Pobre criatura! ¡Un ser indefenso, esclavo de sus miedos!

Me siento en el suelo y tiendo a la criatura en mi regazo, le arrullo suavemente diciendo que todo va a estar bien. Estamos así por horas, hasta que se empiezan a divisar los primeros rallos del sol. La criatura me mira a los ojos y ya no hay miedo, es la noche la que le quita la fuerza, pues esos primeros rayos le han vuelto más grande. Su pelaje se va iluminando poco a poco con el color rojizo de la mañana y sus ojos se vuelven fieros y temibles.
Me alejo un poco para observar su reacción, hace mucho que ya no le tengo en mi regazo. Examino con curiosidad su transformación, de cachorro a bestia, de gato a pantera, de ruido a total silencio. 
Va saliendo el sol, ya rápidamente y caigo en cuenta de que mi animal se ha transformado por completo en un ser de luz y que el reflejo de su pelaje me envuelve y me atrae hacia sí rápidamente.

He dejado de ser observadora externa, para ser yo misma la fiera que escapa. Ya no somos animal, ni cachorro, ni bestia. Soy luz y ya no tengo miedo. La Cordillera es mi refugio y las tormentas mi furia. 
Luz, nada más que luz, energía y destellos. Silencio.

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