sábado, febrero 16

Gatito Soleil.


Tuve la suerte de encontrarlo botadito en la calle, lo recogí, estaba malherido, casi lo atropellan y una que tiene buen corazón, lo recoge, lo lleva al veterinario le dí comida, abrigo y espero a que sane. Quizás con el tiempo, se vuelva un compañero inseparable. Así pasa con los gatitos que uno recoge de la calle.
¿Qué sería un compañero inseparable?
Esos que te esperan cuando vuelves de la u, te maúllan para que les des leche tibia, a veces te arañan los muebles, pero siempre termina acurrucado al lado tuyo ronroneando, obviamente, uno siempre tiene que cumplir, teniendo el arenero limpio, haciéndole cariño en las orejas y dándole leche tibia.
Bueno, pero el gatito que me encontré, recién viene saliendo del veterinario tenía sarna y una patita quebrada, así que está convaleciente, con mucho cariño y cuidados, espero que mejore.
Aunque a veces, existe el riesgo de que cuando mejore, venga una gatita y se vaya detrás de ella persiguiéndole ignorando todo el trabajo que uno hizo
- hay que ir con calma, entonces-
Si, ganarse la confianza de a poco.
¡Ah! se me olvidaba, ya le puse nombre.
-¿Cómo se llama?-
Se llama Soleil
-¡Soleil! Soleil significa "sol" en francés-
Si, ¡porque es brillante como un sol!
-Hablas muy bien de él-
Si, es que me tiene encandilada, siempre le digo eso, pero el gatito todavía tiene heridas que sanar, la distancia le hará bien.


Gatito Soleil todavía convalece, pobrecito, pero sé con los cuidados que puedo darle, algo contribuiré a su mejora. No es que me crea un dios, que haga magia, solamente creo en la fuerza del cariño, constancia y preocupación.
Aún no se sabe que va a pasar, pero estaremos espectantes a su evolución. Gatito Soleil, espero me dejes algún día hacerte cariño detrás de las orejas!

jueves, febrero 14

Querida.

Era una niña, pequeña, frágil, pelo lacio y labios finos. Yo, creía ser más grande, fuerte, seguro e intocable -o quizás no tanto-, pero en cuanto la vi, supe que sería importante.
Quiero mirarla con el espejo del tiempo, pero no lo tengo. No ha pasado un mes aún. He dejado de llorar escondido en la almohada antes de dormir. Pero no dejo de pensarla. Muchas cosas me la recuerdan, debe ser porque fueron los ¿5? ¿6? meses más intensos de mi vida. 
Su nombre no es común, pero pareciera que el viento me lo trae todos los días. Ya no es un hálito balsámico, parece una pequeña cruz. Me cuestiono ¿Me podré deshacer de ello?

Pasan los días, el rencor se aleja e intento volver la cabeza sobre mi hombro, mas no encuentro recuerdos, solo sensaciones. Temor, frialdad, necesidad, pasión, desazón, amor, tranquilidad, tormento, miedo.

Algunas cosas van quedando claras con el correr de los días, a veces los relojes no avanzan tan rápido como uno quisiera y poder crear algo nuevo, construir algo indestructible.
¿Quiero dejarla atrás? Si. Al parecer la respuesta es una, pero a veces siento que es una tarea titánica. ¿Cómo hago para que nada me la recuerde?

-------------------------------------------------------------------------------------


Lleno el vaso, enésima vez.
Suena un ruido de copas quebrándose,
la compañera, nunca existió.

La compañera,
sutil y dorada,
callejera, adormilada.
La callejera nunca durmió.

La callejera, pequeña hortensia,
risueña y coqueta,
la soñadora, soy yo.

Seres Mitológicos.

Entre los cerros del Valle del Elqui, se encuentra escondido un animal místico e intrigante. La verdad es que nadie le ha visto, ni tampoco se habla de ello, pero solo basta penetrar un poquito en este Valle para darse cuenta de su presencia.
Es un animal envolvente, intrigante, silencioso y sin escrúpulos. Camina salvajemente entre tus orejas y repiquetea a lo lejos en las noches nubosas.

Estando ya enclavado entre los cerros, mirando las fulgurantes estrellas y escuchando a lo lejos su paso por la cordillera, el pelo se me eriza y cautelosa como una gata me alejo y escondo entre las rocas. Allí, agazapada, silenciosa y en total oscuridad, veo el brillo jadeante de sus ojos, su respiración suspicaz y su andar cauteloso. 
Silenciosamente me acerco un poco más para observarle y diviso en esos ojos el miedo. Esa figura imponente que en un principio se alzaba ante mi, es ahora un cachorro indefenso, ojos con miedo, miedo y terror, silencio y miedo. Miedo y tiembla. 
Dejo mi posición, ya para acercarme a él y tocarle, veo como se encorva entre las rocas y evita mi mano, lanzando un aullido lastimero, pero no me dejo intimidar por este ser y le tomo entre mis brazos. 
¡Pobre criatura! ¡Un ser indefenso, esclavo de sus miedos!

Me siento en el suelo y tiendo a la criatura en mi regazo, le arrullo suavemente diciendo que todo va a estar bien. Estamos así por horas, hasta que se empiezan a divisar los primeros rallos del sol. La criatura me mira a los ojos y ya no hay miedo, es la noche la que le quita la fuerza, pues esos primeros rayos le han vuelto más grande. Su pelaje se va iluminando poco a poco con el color rojizo de la mañana y sus ojos se vuelven fieros y temibles.
Me alejo un poco para observar su reacción, hace mucho que ya no le tengo en mi regazo. Examino con curiosidad su transformación, de cachorro a bestia, de gato a pantera, de ruido a total silencio. 
Va saliendo el sol, ya rápidamente y caigo en cuenta de que mi animal se ha transformado por completo en un ser de luz y que el reflejo de su pelaje me envuelve y me atrae hacia sí rápidamente.

He dejado de ser observadora externa, para ser yo misma la fiera que escapa. Ya no somos animal, ni cachorro, ni bestia. Soy luz y ya no tengo miedo. La Cordillera es mi refugio y las tormentas mi furia. 
Luz, nada más que luz, energía y destellos. Silencio.