Mi cuerpo tiembla, no siento mis manos, ni mis pies. Sueño que estoy y no estoy. Quisiera ser espíritu que vaga sin sufrimiento por esta tierra.
No sé cuanto tiempo llevo en esta jaula, no sé cuanto tiempo más estaré antes de que me maten. Dudo que saldré viva de esta tortura, dudo que alguien escuche mis suplicas.
¿Existirá Dios? Tantos años negando y ahora clamo por la piedad de ese ser que podría salvarme. Lloro.
No sé cuanto tiempo ha pasado, esta celda no tiene ventanas, pero me parece que ha transcurrido una eternidad. Se abre la puerta y entra Urrutia con agua y se sienta y me mira. Agarro la botella y me bebo el contenido casi de un trago. Lo miro agradecida y pienso que estos hijos de puta, algunos todavía conservan el alma. Saca de su chaqueta unas vendas y me toma las muñecas, con cuidado me cura las llagas.
-Gracias- logro susurrar.
-Ssh, nadie debe saber que he venido a ayudarte- dice mientras me entrega una carta, se para y se va. La desdoblo y leo:
"Querida Antonia, quiero ayudarte a salir de aquí. Quisiera irme contigo muy lejos, donde el echo de tu ser anarquista y yo desertor no sea un problema para vivir. Eres preciosa y seguiré viniendo a verte. Espero aceptes este amor desinteresado de este hombre que ha cometido errores en su vida. Un beso. A. U."
Toda mi vida he conservado esta nota, que en ese momento vislumbre como mi carta a la salvación. No sabía de que manera, pero de ahí iba a salir viva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario