Te quiero contar las pecas. Una a una, esas pecas de pelirroja que me vuelven loco.
Las pelirrojas me producen cosquillas y tu tienes las suficientes pecas para querer contarlas.
Contigo me cuesta ponerme serio, veo tus pecas y tu sonrisa a la luz del sol y las cosquillas se transforman en nervios.
Quiero tallar tus manos, brazos y hombros con las yemas de mis dedos y jugar a las escondidas con tus manos. Produciendo calor y cosquillas, como una suerte de electricidad excitante.
Quiero llevas tus manos a mi cara, para que sientas mi respiración como aumenta, a medida que aumenta la excitación.
Quiero recorrerte hasta encontrar que te gusta y que me gusta de ti. Contar tus pecas en ese instante no va a ser suficiente y me lo dirá las ganas de tus ojos. Las copas de vino me ayudarían a jugar con esta ambigüedad de saber si quieres o no y recorrer suavemente con mis labios tu lechosa piel.
¿Será cierto que cada peca es un alma que te has robado?
Extracto de una carta.
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