viernes, diciembre 14

La Muerte

¿Es acaso dormir un pedazo de Muerte? Siempre pienso que el despertar es como un renacer incauto. Pero por momentos quisiera no volver a reconocer la vida y dejarme llevar por el misterio del no existir.

Tuve mi incursión con la muerte hace unos años atrás. La conocí precisamente para el aniversario de mi matrimonio. Fallido matrimonio -he de agregar-, cuando quise ponerle fin a mi lúgubre existencia en esta tierra.
No sé cuantas fueron las cajas de pastillas que tomé, ni cuantos los tragos de vodka, pero me puse mi pijama y me metí a la cama esperando ese dulce momento en el que dejaría de existir... y de sentir.
Al poco rato, mis ojos comenzaron a volverse pesados, cerré los ojos y... sentí que no fuera más que un pestañeo. Al abrir los ojos, estaba ella allí. Si, la Muerte estaba en un taburete sentada frente a mi cama, contemplándome con su mejor cara de póker.

La Muerte es una mujer entre los 35-40 años, con una mirada madura, un vestido negro, cabello lacio y finas facciones. Sus ojos transmiten piedad y dureza. Su piel lechosa invita a acariciarla y sus manos parecen suaves alelíes blancos. 
La miré fijamente, casi como anonadada y en ese instante se acercó a mi y me acaricio el pelo. Cerré los ojos conteniendo el llanto, de amargura por pensar que ni aún la muerte me traería paz.
"Pobre muchacha, crees que eres la única persona en este mundo que sufre y resuelves quitarte la vida para no existir, ni sentir más. Sueñas que esta será tu vía de escape ante los infortunios ¿Crees que soy buena? Vas a ver que significa la muerte, me vas a acompañar veinticuatro horas y tu serás quien te lleves a las personas".

martes, diciembre 11

Censo de Pecas

Te quiero contar las pecas. Una a una, esas pecas de pelirroja que me vuelven loco. 
Las pelirrojas me producen cosquillas y tu tienes las suficientes pecas para querer contarlas.
Contigo me cuesta ponerme serio, veo tus pecas y tu sonrisa a la luz del sol y las cosquillas se transforman en nervios.
Quiero tallar tus manos, brazos y hombros con las yemas de mis dedos y jugar a las escondidas con tus manos. Produciendo calor y cosquillas, como una suerte de electricidad excitante.
Quiero llevas tus manos a mi cara, para que sientas mi respiración como aumenta, a medida que aumenta la excitación.
Quiero recorrerte hasta encontrar que te gusta y que me gusta de ti. Contar tus pecas en ese instante no va a ser suficiente y me lo dirá las ganas de tus ojos. Las copas de vino me ayudarían a jugar con esta ambigüedad de saber si quieres o no y recorrer suavemente con mis labios tu lechosa piel.

¿Será cierto que cada peca es un alma que te has robado? 

Extracto de una carta.

sábado, diciembre 8

Villa Grimaldi cap. 2

Mi cuerpo tiembla, no siento mis manos, ni mis pies. Sueño que estoy y no estoy. Quisiera ser espíritu que vaga sin sufrimiento por esta tierra. 
No sé cuanto tiempo llevo en esta jaula, no sé cuanto tiempo más estaré antes de que me maten. Dudo que saldré viva de esta tortura, dudo que alguien escuche mis suplicas. 
¿Existirá Dios? Tantos años negando y ahora clamo por la piedad de ese ser que podría salvarme. Lloro.

No sé cuanto tiempo ha pasado, esta celda no tiene ventanas, pero me parece que ha transcurrido una eternidad. Se abre la puerta y entra Urrutia con agua y se sienta y me mira. Agarro la botella y me bebo el contenido casi de un trago. Lo miro agradecida y pienso que estos hijos de puta, algunos todavía conservan el alma. Saca de su chaqueta unas vendas y me toma las muñecas, con cuidado me cura las llagas. 
-Gracias- logro susurrar.
-Ssh, nadie debe saber que he venido a ayudarte- dice mientras me entrega una carta, se para y se va. La desdoblo y leo:

"Querida Antonia, quiero ayudarte a salir de aquí. Quisiera irme contigo muy lejos, donde el echo de tu ser anarquista y yo desertor no sea un problema para vivir. Eres preciosa y seguiré viniendo a verte. Espero aceptes este amor desinteresado de este hombre que ha cometido errores en su vida. Un beso. A. U."

Toda mi vida he conservado esta nota, que en ese momento vislumbre como mi carta a la salvación. No sabía de que manera, pero de ahí iba a salir viva.