viernes, septiembre 28

Me gustas

Me gustas, pero no cuando callas, sino cuando hablas. Me gustas cuando tu voz suave se posa como una mariposa sobre mis manos y la distancia queda callada en burbujas de jabón. 
Recuerdo esas mañanas tristes y suaves de otoño en las laderas del cerro en Los Sauces. La lluvia había lavado la suavidad arcillosa de la tierra y nosotros allí sentados contemplábamos el amanecer. Las botellas vacías tintineaban con el viento y las colillas de cigarro se esparcían por la hierba. 
Recuerdo que me tomaste de la mano o yo te la tomé a ti, la verdad es que no estoy segura, la cantidad de alcohol que había en mi sangre no me permite tener claro ese momento. Pero si recuerdo con extrema claridad ese beso, quizás un poco sucio, quizás demasiado pasado en esa mañana. 
Recuerdo y escribo estas palabras con la angustia pegada en mi garganta y las lágrimas caen como suicidas. Esa noche, esa mañana, bebimos porque te ibas, porque yo me iba. Cada uno remontaba su vida para cumplir nuestros proyectos. Y ahora vuelvo la cabeza hacia el pasado y comparo nuestras historias, nunca nos debimos haber separado. Ninguno de nosotros cumplió con los sueños que habíamos forjado en las tardes de conversación en las bancas de la plaza. Ambos nos cambiamos mil y una vez de profesión, hasta acabar siendo eruditos de la nada. 
Sin embargo, recuerdo ese momento cual fuera ayer. Tu te ibas, yo me iba. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario