jueves, julio 5

Lágrimas.

Viaja por mi garganta, a veces más rápido, otras sale como atascada. Los espasmos de mi respiración le dan bríos para continuar. Viaja, dependiendo de cuantas le sigan atrás. Si va sola, es más lenta, pero más dolorosa. Cuando viajan varias, por momentos se vuelve imposible detenerlas.
Se van alimentando por el camino de esos pensamientos extraños, que muchas veces calificamos sin nombres, porque son esos pensamientos revueltos, mezclados con sentimientos, arremolinados en torno a sucesos pasados, presentes, futuros, ectópicos.
Se agolpan una a una en el abismo y allí aguardan, quizás una milésima de segundo, quizás una vida entera. Aguardan el empuje final, se balancean sobre sus diminutas patitas, se inclinan hacia delante y regresan a su posición original. Cuando viajan solas, el salto se vuelve eterno, miran y miran hacia lo oscuro del abismo. Cuando van varias, se empujan las unas a las otras a medida que van llegando. Cuando al fin logran saltar, recorren un camino suave, para nada ripioso, como cual esquí sobre la nieve. Hasta que de pronto se encuentran con el fin, donde sus pequeñas partículas se confunden con la intensidad.

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