viernes, abril 13

Acepta.

¿Cómo fue que me dijiste? Ah, si, que cada día aumentaba más el cariño, pero disminuía el deseo. ¿Tu pretendes que te crea? 
Son tus ojos, esas dos pequeñas pupilas que muchas veces no quieren ver son las que me hablan más verdades que tus labios. Tu y yo conocemos la razones, mas no hemos escuchado nuestros corazones.
¿Cómo entenderlo?
Como un tranvía que navega en la arena profunda, quizás como un molde destruido por su ruido. Así lo veo, como una dulce nota de aguamar en tus manos.
Y vuelvo, con tus manos, que son suaves y me gustan, pero me dices que no, porque me confunden. ¿Es a mi o a ti a quién confunden? La claridad no es creer saber, sino escuchar saber.
Y tampoco quieres a mis labios, arguyendo quizás que excusas que sólo tu entiendes, mas no. No es que no te crea, es que sé que no es cierto, así como sé que el cielo es azul porque hay capa de ozono. ¿Puede no ser menos romántico?
Y dejo volar mi imaginación, escucho mis latidos, sincero mis pensamientos, la tortuga que habita en mi escapa de su caparazón para refugiarse en la salvedad de las palabras incautas. 
Así somos, como un haz de luz invocando el sereno de la mañana, invocando truculentas historias para decirnos que no, cuando queremos decir si.
Vuelves a repetirme, que a nadie buscas, pero con aún mayor razón sé que no es cierto, puesto que tus ojos nuevamente, ventanas de tu alma, me dicen otra cosa. Ahora bien, aquí mi instinto falla y se revuelve con mi imaginación, no estoy segura de que buscas, creo que tu tampoco lo sabes, pues tienes el don de no escucharte, sino de creerte. ¿Es un don? Quizás no más, he vuelto a desordenar tu estructurada vida. ¿He vuelto? Te preguntas. Si, rotundamente, esto ya lo hemos vivido, en un pasado remoto, cuando la lluvia caía con lentitud y las tardes eran de siestas. Cuando el sol no dejaba su puesto del mediodía y apuraba las cosechas. Cuando las luciérnagas aún vadeaban en el río. Aquí dejo lo que ya no dije, sino lo que hice, lo que puedo hacer en el silencio infinito de la lluvia repiqueteando contra el charco vacío. 
Hace tiempo dejaste de ser uno, para ser dos. Ahora acéptalo. 

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