lunes, abril 23

Risa ruidosa.

Hermosa la risa que nace de tus pequeños labios, sinestesia de mis aullidos redondos al momento de la no lujuria vertiginosa de la madrugada. Soñolientos pasos del alba de medianoche.
Me tocan tus manos, ya no tan suaves, pero con más confianza, ahora has aceptado el acecho innegable de dos caminos que se ya no van a la tangente, sino que cruzan y cortan, anidan vacíos en el espacio intergaláctico de sombras alucinadas. 
Fumo, el humo de mi cigarro gira sobre nuestras cabezas, lo ves salir por la ventana y me miras con el ceño fruncido, entrelazas tus manos y me dices que ese hábito de buscar la muerte ahogada lo debería dejar. No te escucho, absorta en mis pensamientos, en mis ruidos cerebrales que centellean pasiones. 
Vuelves de nuevo sobre tus pasos y me recalcas que me engañas con cuadernos y libros, que tu amante más perfecta es el resultado perfecto. Pero no me pondré celosa de los conocimientos que te invaden. Procuraré utilizar su mismo espacio, más no con la misma fortuna.
Receloso murmuras palabras inteligibles, no pido que las repitas, ya las conozco, mi futuro las conoce, pero son palabras inventadas por ese lenguaje pequeño de dos seres que se van conociendo. 
No hay ruido más bello que tus suspiros, robados del fondo de tu garganta y auspiciados por tus pequeños labios. 
Intento no mirarte, mas me vuelvo sobre mis hombros y aparto mi pelo para contemplar mejor la forma de tus hombros agachados. Tu caminar no tan resuelto, quizás tu movimiento abatido, tus pies arrastrando la arenilla, tus ojos vedados.
Tu olor invade mi cuerpo como el suave perfume del sándalo al atardecer. Y caigo en cuenta de que no eres el fruto de mi implacable imaginación, sino ser corpóreo de la esta tierra vida mía que luchamos por conservar.
Te fuiste hace varias horas, ya. Pero sé que mañana nos volveremos a encontrar. Cerraré mis ojos cuando termine estas palabras y sé también que inundarás mis sueños.

viernes, abril 13

Acepta.

¿Cómo fue que me dijiste? Ah, si, que cada día aumentaba más el cariño, pero disminuía el deseo. ¿Tu pretendes que te crea? 
Son tus ojos, esas dos pequeñas pupilas que muchas veces no quieren ver son las que me hablan más verdades que tus labios. Tu y yo conocemos la razones, mas no hemos escuchado nuestros corazones.
¿Cómo entenderlo?
Como un tranvía que navega en la arena profunda, quizás como un molde destruido por su ruido. Así lo veo, como una dulce nota de aguamar en tus manos.
Y vuelvo, con tus manos, que son suaves y me gustan, pero me dices que no, porque me confunden. ¿Es a mi o a ti a quién confunden? La claridad no es creer saber, sino escuchar saber.
Y tampoco quieres a mis labios, arguyendo quizás que excusas que sólo tu entiendes, mas no. No es que no te crea, es que sé que no es cierto, así como sé que el cielo es azul porque hay capa de ozono. ¿Puede no ser menos romántico?
Y dejo volar mi imaginación, escucho mis latidos, sincero mis pensamientos, la tortuga que habita en mi escapa de su caparazón para refugiarse en la salvedad de las palabras incautas. 
Así somos, como un haz de luz invocando el sereno de la mañana, invocando truculentas historias para decirnos que no, cuando queremos decir si.
Vuelves a repetirme, que a nadie buscas, pero con aún mayor razón sé que no es cierto, puesto que tus ojos nuevamente, ventanas de tu alma, me dicen otra cosa. Ahora bien, aquí mi instinto falla y se revuelve con mi imaginación, no estoy segura de que buscas, creo que tu tampoco lo sabes, pues tienes el don de no escucharte, sino de creerte. ¿Es un don? Quizás no más, he vuelto a desordenar tu estructurada vida. ¿He vuelto? Te preguntas. Si, rotundamente, esto ya lo hemos vivido, en un pasado remoto, cuando la lluvia caía con lentitud y las tardes eran de siestas. Cuando el sol no dejaba su puesto del mediodía y apuraba las cosechas. Cuando las luciérnagas aún vadeaban en el río. Aquí dejo lo que ya no dije, sino lo que hice, lo que puedo hacer en el silencio infinito de la lluvia repiqueteando contra el charco vacío. 
Hace tiempo dejaste de ser uno, para ser dos. Ahora acéptalo.