sábado, marzo 3

Momentos.

El llanto barre del alma a la lucha del silencio, tus murmullos apagándose y el mundo empequeñeciéndose en mi mano. El llanto, bramido furioso de un lamento olvidado, crisantemo de invierno, lluvia de verano. No existen sepulturas para corazones rotos, sólo sueños utópicos para reavivar la llama. Ya no te busco, ni te espero, sólo en silencio veo tus pasos y anhelo que vueles perfecto.  
En ti, la dicha de ser diosa de verdad y belleza fue un lastimero sueño de inacabadas hormonas. Regurgitando como la ola tempestuosa de la medianoche. Lanzábamos lejos aquel retazo de pintura vertiginosa del futuro, todo lo alguna vez creado, destruido y yace derrumbado, enmoheciéndose, corroyéndose, desapareciendo. 
Ahora déjame alcanzar mi propio vuelo, con un ala lastimada, pero aún sobrellevando en mi pico el pez de la libertad, llevo en mis plumas el sueño de ser fiel y cada lastimero, pero valiente, aleteo, es un rugido de fuerza para amar y ser amada. Soy y seré un albatroz que vuela sobre el infinito mar. 
No existen rencores, ya no habrán llamadas, ni llantos desesperados, no habrán juegos de palabras, ni caricias furtivas, no existirán confusiones, puesto que nos estamos olvidando, dejando atrás, ya no existen huellas que caminen a mi lado, mi sendero se ha estrechado, si quieres volver a recorrerlo, habrá de pasar años. Si quieres conversar, aquí estaré, pero no esperes a la tierna muchacha que conociste a sus dieciocho, ya no es una niña, es una mujer, sus senos han crecido y sus caderas ensanchado. Sus pupilas visten tristeza y a su corazón le falta un trozo. 
Espera, que aún no termino, las palabras nacen como un bálsamo de sinceridad, quizás te mienta, pero quiero verte feliz y esperar serlo yo también. Ya vez, aquí acabo, por el momento. 

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