Quisimos escribir un libro, un cuento, un diario, una vida. Pero al final las palabras nos terminaron consumiendo a nosotros. Nosotros, que nos queríamos tanto, que pensábamos alguna vez viviríamos aquel anhelo de sonreír sin distancia. Pero las palabras duras, magnéticas, invencibles, irreductibles, fueron llevadas a través de nuestros infértiles cuerpos y acabaron desangrados en luna llena.
Recuérdame porque seguimos en este vahído sangrante, recuérdame porque dejamos de tocarnos y no desafiamos nuestros egos y orgullos. Piénsame distante en una noche fría y oscura, sin luna, quizás lluviosa, sin mirar por la ventana, pero sin encender las luces. Acuéstate acurrucado como queriéndome dar la espalda y, sin embargo, sabes que estoy ahí, hecha un ovillo bajo tus brazos. Sabes que nunca dejaré de estar en tus pensamientos, porque crees tener la culpa, crees ser tú quién me llevó a conocer aquella infamia que acabó...
Susurrarás mi nombre lentamente, como queriendo despedirme, pero una vez cerrado los ojos, veras mi silueta acompasada, escucharás mis canciones, leerás mis cartas, contarás mis cuentos y soñarás con la hija que nunca nos atrevimos a tener. Miedo me habías dicho, de truncar nuestro futuro, pero no sabías que esta era la carta que truncaría el tuyo. Miedo le dijiste a todos cuando tomamos la decisión de no seguir adelante con aquella morula que se construía bajo nuestro seno.
Ahora debes estar despierto, quizás ocupándote de otras cosas para no pensar, pero sabes que no puedes pasártela toda la vida así, tus ojeras aumentarán de tamaño hasta no poder más con el cargo de conciencia y volverás arrebatado a la casa de tus padres, dónde sólo quedará tu madre para consolar tus sollozos. Y poco a poco te irás despidiendo de esta magullada vida y maldecirás mi nombre una y otra vez por haberte consumido de esta forma. Pero en el fondo, muy en el fondo sabes que la culpable no fui yo, sino tu mismo, el que tenía el poder de cambiar ambos destinos y no tomó la decisión correcta fuiste tu.
Cuando llegues te miraré sin sonrisa, me tomarás de la mano y caminaremos juntos a algún lugar alejado. Me dirás que nunca me olvidaste, pero yo no te creeré. Seguiremos así por la eternidad.