viernes, marzo 18

Noche de sueños raros.

No sé porque a veces siento como una pena gigante, sobretodo cuando me acuerdo mucho de ti. Es que pensar en ti es como pensar en lo que quisiera que sucediera, pero no pasa. Porque estás tan lejano y a pesar de eso, invades mi corazón, lo haces tuyo y eres capaz de devorartelo de una sola vez.
Es increíble el sentimiento, experimentar algo como amor-odio en esto que pensaba tenía nombre, pero todavía no lo encontramos. Jugamos al laberinto de espejos, donde a cada paso tomas formas diferentes y cuando intento alcanzarte, solo pillo tu reflejo frío y con esa sonrisa en la comisura de los labios que hace que cualquier se enoje.
Eres ese divo que todas adoramos, pero a la vez odiamos, ese divo que se ha llevado gran parte de mi en sí mismo, aquel que no entiende que la palabra amor no es un reflejo de bajar las defensas como crees, sino que es el acto de voluntad de querer aferrarte a alguien. No lo entiendes, tu frialdad llevada como camiseta en invierno es impenetrable, tu razonamiento lógico, inhumano, inherente a cualquiera. Una lluvia helada en primavera, eso eres. Las abejas que pican fuerte cuando las molestas demasiado y allí pereces, pues después de tu aguijonazo, no se te vuelve a ver la pista. Así fuiste conmigo y quien lo pensaría, yo deshaciendome de mis instintos en este lúgubre momento. Quédate con tus rencillas baratas, con tus amores falsos, con tu política facista. Ya no eres nadie para mi, desaparece. 

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