Como un cadáver exquisito. Así apareces ante mis ojos, hasta a veces mal ensamblado, llevándote ciertos elementos necesarios para la comprensión de tu todo. Para sonreírte como el poema-cuento que pretendes ser.
La iluminación es escasa en esta habitación. Las luciérnagas hace ya años que no aparecen en nuestro patio, pero tu allí, algunas veces sin piezas, otras a punto de caer, vuelves a ti mismo como el cadáver exquisito que eres. Un subproducto del colectivo intelectual, una mirada fugaz a lo que todos pretendemos soñar, ver crecer, aprender, macerar.
Espera, me dices, aún a sabiendas de que no hablas más que por aquellos que te dieron forma, que te suspiraron en la cara para darte el hálito de vida. Me doy vuelta, extrañada que un ser como tu, tan bello, pero a la vez terrorífico. Me hablas, pero no puedo escucharte, muy absorta en mirarte como lo que no sé que eres. No deberías poder hablar y aún así tienes vida propia, ya casi te has zafado de aquellos que te dieron vida. Me acerco a ti, como atraída por un imán, de no que me hables, dejo que me lleves por tus redes y caminos superpuestos y te temo. Tus ojos sesgan el espacio que habita mi alma y nos volvemos a encontrar. Sigues hablando, pienso que probablemente estás diciendo lo que tus amos creadores te dicen que digas, ya ves, pues, que eres un cadáver exquisito, ilusionado. Y yo no puedo escucharte, muy absorta en el análisis de lo que eres, el terror que me infundes me deja paralizada y lo necesito. Necesito la confirmación de que todo lo que he hecho antes es mejor que esta fausta guarnición de verborrea que te da la maldita vida.
Ahora estás callado, me sorprendo escuchando demasiado fuerte mis pensamientos. Y de pronto caigo en cuenta de que te has ido. ¿Tan rápido lograste zafar de tus amos creadores? Mierda, mascullo, no existen los amos creadores. Yo te dí la vida y ahora me la estas quitando. Siento tus colmillos incipientes en mis piernas y caigo en la cuenta de que estoy dejando que me devores. No me duele, pero entiendo que he sido devorada por mis propios pensamientos.
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