miércoles, noviembre 23

Eternidad.

Quisimos escribir un libro, un cuento, un diario, una vida. Pero al final las palabras nos terminaron consumiendo a nosotros. Nosotros, que nos queríamos tanto, que pensábamos alguna vez viviríamos aquel anhelo de sonreír sin distancia. Pero las palabras duras, magnéticas, invencibles, irreductibles, fueron llevadas a través de nuestros infértiles cuerpos y acabaron desangrados en luna llena. 
Recuérdame porque seguimos en este vahído sangrante, recuérdame porque dejamos de tocarnos y no desafiamos nuestros egos y orgullos. Piénsame distante en una noche fría y oscura, sin luna, quizás lluviosa, sin mirar por la ventana, pero sin encender las luces. Acuéstate acurrucado como queriéndome dar la espalda y, sin embargo, sabes que estoy ahí, hecha un ovillo bajo tus brazos. Sabes que nunca dejaré de estar en tus pensamientos, porque crees tener la culpa, crees ser tú quién me llevó a conocer aquella infamia que acabó...
Susurrarás mi nombre lentamente, como queriendo despedirme, pero una vez cerrado los ojos, veras mi silueta acompasada, escucharás mis canciones, leerás mis cartas, contarás mis cuentos y soñarás con la hija que nunca nos atrevimos a tener. Miedo me habías dicho, de truncar nuestro futuro, pero no sabías que esta era la carta que truncaría el tuyo. Miedo le dijiste a todos cuando tomamos la decisión de no seguir adelante con aquella morula que se construía bajo nuestro seno. 
Ahora debes estar despierto, quizás ocupándote de otras cosas para no pensar, pero sabes que no puedes pasártela toda la vida así, tus ojeras aumentarán de tamaño hasta no poder más con el cargo de conciencia y volverás arrebatado a la casa de tus padres, dónde sólo quedará tu madre para consolar tus sollozos. Y poco a poco te irás despidiendo de esta magullada vida y maldecirás mi nombre una y otra vez por haberte consumido de esta forma. Pero en el fondo, muy en el fondo sabes que la culpable no fui yo, sino tu mismo, el que tenía el poder de cambiar ambos destinos y no tomó la decisión correcta fuiste tu.
Cuando llegues te miraré sin sonrisa, me tomarás de la mano y caminaremos juntos a algún lugar alejado. Me dirás que nunca me olvidaste, pero yo no te creeré. Seguiremos así por la eternidad.

sábado, marzo 19

Muertos vivientes.

Una vez más, regresas de entre los muertos, mirándome fijamente, queriendo comerte mi carne. Regresas como quien nunca ha hecho o dicho nada, como quien nunca ha tenido que decir nada. Pero mi memoria no es frágil como tu piensas y estoy situada en el misterioso límite de mi vaguedad y tu razón. Maldito cuerpo frío de los muertos vivientes, que dicen mucho pero nada sienten. Son copos fallidos de nieve que no dejan estela, ni rastro.
Suave murmullo de un viento arremolinado me despierta esta vez, dando por sentado que no regresarás hasta que te haya desterrado de mi cabeza y dejes de leer estas líneas, pero no puedo quitarte con nada, pues te has marcado con tinta indeleble. Fuiste un todo que ahora quiere que sea nada. Vete de una vez, ya no te necesito, eres ese fantasma muerto viviente que regurgita desde las sombras. 

viernes, marzo 18

Noche de sueños raros.

No sé porque a veces siento como una pena gigante, sobretodo cuando me acuerdo mucho de ti. Es que pensar en ti es como pensar en lo que quisiera que sucediera, pero no pasa. Porque estás tan lejano y a pesar de eso, invades mi corazón, lo haces tuyo y eres capaz de devorartelo de una sola vez.
Es increíble el sentimiento, experimentar algo como amor-odio en esto que pensaba tenía nombre, pero todavía no lo encontramos. Jugamos al laberinto de espejos, donde a cada paso tomas formas diferentes y cuando intento alcanzarte, solo pillo tu reflejo frío y con esa sonrisa en la comisura de los labios que hace que cualquier se enoje.
Eres ese divo que todas adoramos, pero a la vez odiamos, ese divo que se ha llevado gran parte de mi en sí mismo, aquel que no entiende que la palabra amor no es un reflejo de bajar las defensas como crees, sino que es el acto de voluntad de querer aferrarte a alguien. No lo entiendes, tu frialdad llevada como camiseta en invierno es impenetrable, tu razonamiento lógico, inhumano, inherente a cualquiera. Una lluvia helada en primavera, eso eres. Las abejas que pican fuerte cuando las molestas demasiado y allí pereces, pues después de tu aguijonazo, no se te vuelve a ver la pista. Así fuiste conmigo y quien lo pensaría, yo deshaciendome de mis instintos en este lúgubre momento. Quédate con tus rencillas baratas, con tus amores falsos, con tu política facista. Ya no eres nadie para mi, desaparece. 

sábado, enero 8

Cadáver Exquisito.

Como un cadáver exquisito. Así apareces ante mis ojos, hasta a veces mal ensamblado, llevándote ciertos elementos necesarios para la comprensión de tu todo. Para sonreírte como el poema-cuento que pretendes ser. 
La iluminación es escasa en esta habitación. Las luciérnagas hace ya años que no aparecen en nuestro patio, pero tu allí, algunas veces sin piezas, otras a punto de caer, vuelves a ti mismo como el cadáver exquisito que eres. Un subproducto del colectivo intelectual, una mirada fugaz a lo que todos pretendemos soñar, ver crecer, aprender, macerar. 
Espera, me dices, aún a sabiendas de que no hablas más que por aquellos que te dieron forma, que te suspiraron en la cara para darte el hálito de vida. Me doy vuelta, extrañada que un ser como tu, tan bello, pero a la vez terrorífico. Me hablas, pero no puedo escucharte, muy absorta en mirarte como lo que no sé que eres. No deberías poder hablar y aún así tienes vida propia, ya casi te has zafado de aquellos que te dieron vida. Me acerco a ti, como atraída por un imán, de no que me hables, dejo que me lleves por tus redes y caminos superpuestos y te temo. Tus ojos sesgan el espacio que habita mi alma y nos volvemos a encontrar. Sigues hablando, pienso que probablemente estás diciendo lo que tus amos creadores te dicen que digas, ya ves, pues, que eres un cadáver exquisito, ilusionado. Y yo no puedo escucharte, muy absorta en el análisis de lo que eres, el terror que me infundes me deja paralizada y lo necesito. Necesito la confirmación de que todo lo que he hecho antes es mejor que esta fausta guarnición de verborrea que te da la maldita vida.
Ahora estás callado, me sorprendo escuchando demasiado fuerte mis pensamientos. Y de pronto caigo en cuenta de que te has ido. ¿Tan rápido lograste zafar de tus amos creadores? Mierda, mascullo, no existen los amos creadores. Yo te dí la vida y ahora me la estas quitando. Siento tus colmillos incipientes en mis piernas y caigo en la cuenta de que estoy dejando que me devores. No me duele, pero entiendo que he sido devorada por mis propios pensamientos.