Una vez, un profesor me dijo que uno vivía una semana. Nada más que una semana en la universidad. Que cada año era un día y que cada día tenía una mañana y una tarde. Y que cada mañana era un semestre y cada tarde otro.
Este profesor me dijo que yo estaba en la tarde del martes, esperando pacientemente por llegar a la mañana del miércoles.
No puede estar más cercano a lo que siento ahora, lo único malo, es que cada hora de aquellos días son interminables y esforzados, sigue y suma, en la noche de este martes tendré pocas horas para dormir y seguir con el miércoles, pero siempre con la fortaleza de que la semana ya acabará.
Pero ¿Realmente queremos que la semana acabe?
Todo transcurre como sueños nebulosos de anestesia. Eres tu o soy yo el ente presente entre estas líneas?
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