En las tardes de Alejandría suele haber humedad. Salgo a la terraza a contemplar el mar que se ve a mis pies. Recuerdo las tardes atravesando el río para encontrarla, para besarle. Ella fue mía, mucho tiempo mía, pero el tiempo me la ha arrebatado de a poco.
Ahora estoy solo, sólo sentado, solo amante, sólo recuerdo. E incluso estoy sin voz.
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