Miseria mirar el reloj al levantarse. Son los tic tac de vida que pasan como una metralleta de recuerdos que no alcanzas a formar. Ruidoso presente, reloj rechinante.
Encender la vida por la mañana y entender que se te acaba el mundo, que el corazón ya no bombea sangre, sino un líquido extraño que tiene la mala idea de mantenerte con vida. Un cedazo extraño tamiza los recuerdos, dejando siempre los más hermosos sobre el tapete. Esa hermosura que tanto contrasta con tu vida ahora.
Es risible, tu cara en aquellas fotos, dibujadas de felicidad y el espejo que ahora te devuelve el demacrado maquillaje de unos ojos rojos, hinchados de tanto llorar.
El instinto de tu alma de no arrancarse de tu cuerpo, porque los sentimientos tienen que afluir de algún lugar.
¿Qué hago con todo esto que ahora sobra? ¿Es posible regalar algo que no tienes?
Ya no soy capaz de contener tanto daño y sufrimiento, necesito un escape, botarlo todo y decirle, pero ¿Para qué? ¿Qué le voy a decir? ¿Que lo amo? Ya no me escucha, está cansado de mi, ya no quiere mirarme.
No voy a dejar que me aplaste. Cueste lo que cueste, salir adelante y seguir con lo que realmente importa: yo.
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